No a los barcos de guerra en el puerto de Tarragona

Fuente: Coordinadora Tarragona Patrimonio de la Paz

Con la información aparecida ayer martes 5 de marzo de 2013 en los medios de comunicación, sobre el hecho de que el puerto de Tarragona estudia acoger buques militares estadounidenses, hemos retrocedido 16 años en el tiempo.

Si en el año 1997 Joan Miquel Nadal y Lluís Badia, en ese momento alcalde de la ciudad y Presidente de la Autoridad Portuaria, respectivamente, lideraron una campaña que incluyó gestiones con autoridades militares de Washington y Madrid, para que Tarragona convirtiera en sede logística de los barcos de la VIa Flota de EEUU, ahora será Josep Andreu i Figueras, militante del mismo partido que los anteriores -Convergencia Democrática de Cataluña- que dará la bienvenida al «nuevo negocio».

Los argumentos para impulsar la campaña se basaron, al igual que ahora, en supuestos beneficios económicos para la ciudad que nunca se cumplieron. Posteriormente, estos argumentos dieron paso a otros que nos presentaban los buques de guerra como garantes de supuestas operaciones «humanitarias» y para su suministro; del mismo modo hoy. Por otra parte y como ha hecho siempre, el equipo de gobierno de la ciudad se hace el sordo cuando se refiere a «obligaciones derivadas de convenios bilaterales entre Estados». Antes, igual que ahora, los argumentos mencionados se mezclaron con comedias propagandísticas sobre voluntariosos marinos que realizan tareas sociales.

La experiencia dramática de pueblos como el iraquí y el afgano -convertidos en víctimas de «daños colaterales»- muestra la cruda realidad y hace caer el disfraz: los barcos y sus tripulantes no son más que herramientas de matar. Las escalas que hicieron y quieren hacer las embarcaciones están consideradas de rutina, utilizando los servicios portuarios para aprovisionamiento y para hacer las reparaciones que consideren oportunas, además de operaciones más opacas que, claro está, no trascienden.

La presencia de los barcos de la VI Flota de EEUU y de la OTAN no nos gusta por lo que supone la militarización de la ciudad, por la inexistencia de control sobre su tipo de armamento y con la posibilidad de que algunos sean de propulsión nuclear. Por nuestra disposición a vivir sin la «protección» de los armamentos, porque no creemos en la fuerza para vencer sino más bien en el diálogo para convencer, por la falta de información y el secretismo inherente a la lógica militar que, además, conllevan riesgos importantes para la población. Y porque los conflictos armados continúan y queremos un mundo sin guerras y sin ejércitos.

Pensamos que la paz y la seguridad de nuestros familiares, amistades, vecinos y vecinas son demasiado importantes para dejarlas en manos de los políticos profesionales, que a menudo sólo se preocupan de conseguir cuotas de poder para poner al servicio de sus intereses personales o de grupo.

Ahora como hace 16 años, seguimos decimos bien fuerte: FUERA BARCOS DE GUERRA DEL PUERTO DE TARRAGONA!

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