Las Armas No Educan, las Armas No Curan: Infancia y Juventud libres del virus militar

Foto: Tithi Luadthong

 

Ante la persistente presencia militar en la gestión de la actual crisis sanitaria derivada de la pandemia provocada por el COVID-19, desde la campaña Desmilitaricemos la Educación queremos hacer patente nuestro total rechazo y denunciar las consecuencias de esta maniobra de mercadotecnia militar

 

Pero antes de enumerar las múltiples razones de nuestro malestar, queremos ofrecer un mensaje de aliento y apoyo a todas las personas que están padeciendo por la vulneración de sus derechos, por estar afectadas por la enfermedad o porque han sufrido la pérdida de seres cercanos, para todas ellas nuestra convicción de que el calor humano y la comunidad os acompañe en difíciles circunstancias y que os permita encontrar consuelo, fuerza y perspectiva ante los retos vitales por venir.

Al mismo tiempo, agradecer a todo el personal sanitario por el esfuerzo que durante estas semanas han dedicado al cuidado y alivio de miles de personas, a pesar de las limitaciones derivadas de los recortes a las inversiones y la limitación de plantilla, la profesionalidad del personal sanitario ha permitido atender esta crisis, como campaña integrada por más de 100 colectivos del ámbito de la educación y el fomento de la paz reconocemos la gran labor y calidad humana del sector

También agradecer a todas las personas trabajadoras que también son esenciales para mantener la vida: cura y acompañamiento de personas mayores, niños y jóvenes, personal de limpieza, producción alimentaria, personal que trabaja a los supermercados, transportistas, y otras muchas que con o sin cobertura legal, continúan haciendo su trabajo para posar la vida en el centro

Y es desde la denuncia crítica sobre las políticas de recortes a sectores primordiales para la seguridad humana (salud, educación, servicios sociales, dependencia, vivienda, investigación…) y la relevancia de todas estas profesiones necesarias para mantener la vida que queremos levantar la voz y rechazar la constante presencia de miembros del ejército en la gestión de la actual crisis, tanto a nivel operativo como nivel mediático, con las consecuencias simbólicas que esto representa en niños y jóvenes de nuestro país.

 

No es una guerra.

Rechazamos tajantemente el uso y abuso de expresiones que evocan una narrativa bélica, tanto de responsables políticos como de la presencia permanente de miembros de las fuerzas armadas en ruedas de prensa o comunicados. Evocar batallas, combate, lucha o violencia no contribuye en nada a una situación que requiere sobre todo cuidados, acompañamiento y ciencia. La aportación relativa de miembros del ejército a las acciones de seguridad y salud en esta crisis es muy inferior a lo que los organismos civiles están haciendo para solventarla.

Lo militar siempre es más caro y opaco.

El despliegue militar de recursos no sanitarios ni prioritarios para la seguridad de pueblos, barrios y ciudades no ayuda y al contrario encarece la articulación de acciones que puedan ayudar a mejorar la situación. La poca transparencia que caracteriza a las fuerzas armadas impide saber el grado de eficiencia y necesidad real de las operaciones que ha realizado hasta ahora. Denunciamos que la actual situación de precariedad del sistema sanitario se debe en gran medida a las exorbitantes inversiones en armamento que de nada sirven a los retos futuros de la humanidad.

La respuesta es la responsabilidad y la solidaridad.

Ante los constantes exhortos y arengas por disciplinar a la sociedad para obedecer con estricto apego a las normativas de excepcionalidad o estado de al-arma (sic), desde Desmilitaricemos la Educación llamamos a todas las fuerzas políticas e instancias de servicio público a construir con la ciudadanía una respuesta conjunta y segura, sensible a la diversidad de nuestra sociedad, respetando los derechos humanos y fomentando el diálogo, la crítica constructiva y el respeto a los saberes invisibilizados. La organización de estilo marcial sólo contribuye a mantener un discurso monolítico reforzado por la fuerza de la violencia, con el riesgo de desatar espirales de sospecha social, delación y individualización del dolor.

Rechazamos el curriculum militarista.

Como campaña orientada a construir alternativas antimilitaristas de aprendizaje en escuelas e institutos, denunciamos que la manipulación del discurso y la constante presencia militar en medios (que reproducen acríticamente esta participación) refuerza la permanente campaña de mercadotecnia que desde hace años viene realizando el ejército para hacer un lavado de cara y fomentar(aprovechando la situación de vulnerabilidad actual) una escala de valores militaristas, de sacrificio, disciplina y obediencia ciega en infantes y jóvenes. La responsabilidad de educar por una ciudadanía crítica nos obliga a denunciar esta manipulación y rechazar cualquier intento de vuelta al pasado, en el que la educación jugaba un rol de sometimiento en lugar de un papel de emancipación. La actual crisis (y las problemáticas que conllevará en el futuro) no será resuelta nunca por medios violentos, ni militares ni policiales.

Respeto a todos los derechos de la infancia y la juventud.

Como si se tratara de un escarmiento público a través del confinamiento mantenido, sin flexibilización, denunciamos la invisibilización de la infancia y la juventud en las instrucciones y normativas de excepcionalidad impuestas a nivel estatal, así como la pretendida vuelta a la normalidad escolar vía digital que se quiere instaurar sin considerar el bienestar y armonía emocional y corporal del alumnado. Si en condiciones habituales denunciamos algunas prácticas que contribuyen al adormecimiento obediente de infantes (las filas, el silencio, las jerarquías y las sanciones, entre otros), en estos momentos el dictado de medidas que alientan la debida conducta de jóvenes, niñas y niños, sin información adecuada y menoscabando su equilibrio físico y mental se puede considerar una herramienta más para disciplinar y perpetuar una sociedad sin sentido crítico o constructora de otros escenarios de organización común.

 

Ante todo esto, las escuelas, institutos, asociaciones de familias, sindicatos, entidades y colectivos que formamos parte de la campaña Desmilitaricemos la Educación llamamos a la responsabilidad personal y colectiva para dar marcha atrás a la deriva militarista que se está fomentando en esta crisis y a continuar dando pasos a las alternativas pacifistas que buscan el diálogo, el consenso y el bien común como horizontes dignos de ser vividos.

Al alumnado, niñas, niños y jóvenes os convocamos a rechazar cualquier discurso que os conmine a la obediencia acrítica o priorice el uso de la violencia como mecanismo para la resolución de conflictos o situaciones de tensión.

A las familias, madres, padres, personas a cargo de infantes, os animamos a acompañar el desarrollo armónico de las niñas, niños y jóvenes, fomentar la comprensión crítica de la situación desde la tranquilidad, el amor, el cariño y respeto a sus necesidades vitales

Al profesorado, os alentamos a escuchar e identificar las inquietudes y malestares del alumnado, a focalizar el acompañamiento de estos días en ejercicios de proximidad, de calidad humana y comprensión ante la complejidad. Desde la incertidumbre y vulnerabilidad que estamos viviendo animar a infantes y jóvenes a construir juntas iniciativas desde la cultura de paz y la esperanza, el razonamiento y el pensamiento crítico.

A los medios de comunicación, os interpelamos para dejar de reproducir los discursos militaristas y arengas de la violencia. Os animamos a hacer visibles los verdaderos esfuerzos que miles de personas realizan día a día al cuidado, a acompañar, a poner la vida al centro. El buen periodismo no reproduce partes de guerra; infantes, jóvenes y adultos queremos escuchar la infinidad de historias de solidaridad comunitaria que se ha estado tejiendo en barrios, pueblos y ciudades, aportando recursos, trabajo y compañía de manera desinteresada.

A las responsables políticas, exigimos el cese del dispositivo mediático de lavado de imagen del militarismo ante la crisis actual, la canalización de los recursos del ejército a la atención de la población afectada y la máxima transparencia e informes públicos de todas las acciones realizadas por organismos militares hasta ahora, que deberán someterse al escrutinio público civil

 

Desde Desmilitaricemos la Educación seguiremos como hace más de 10 años denunciando y protestando por las pretendidas acciones de normalización del ejército en espacios educativos y de ocio infantil y juvenil.

Ante la situación global excepcional que vivimos, seguiremos exigiendo con mayor interés que el discurso militar y el gasto en el negocio de la guerra cesen y los recursos disponibles de los estados se dediquen a la salud, la educación, la investigación y condiciones dignas de vida para todas las personas, elementos que verdaderamente permitirán alcanzar niveles altos de seguridad humana.

 

Las Armas no Educan, Las Armas Matan

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